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sábado, 10 de junio de 2017

Probando a pintar con cobre y cobalto.


Probando a pintar con cobre y cobalto.

                          Aplicando lustre de cobre sobre el esmalte ya decorado con cobalto.

  
                                 Oxidos colorantes en pasta vítrea antigua. Cuentas de collar.

Hasta el primer tercio del siglo XVIII los metales conocidos eran, desde tiempos muy remotos, oro, plata, cobre, plomo, estaño, hierro, mercurio, zinc y bismuto. Un químico sueco, en esas fechas, aisló el metal cobalto, a menudo confundido con bismuto. El cobalto metal posee características muy similares al hierro y al níquel, pero es más escaso y más caro.

Oxido de cobalto molido.

Sin embargo los compuestos de cobalto se han utilizado durante siglos para obtener el color azul intenso en vidrio y cerámica.

Copa egipcia en pasta vítrea azul o verde turquesa denominada fayenza.


Cuentas de pasta vítrea coloreada con cobalto.


Anforilla griega en vidrio azul cobalto.


Unguentario de vidrio romano azul cobalto.

 El óxido de cobalto lo cita Cavanilles en algunos pueblos de la Sierra de Espadán, en Castellón, en las areniscas triásicas. Señala su presencia en los montes de Ayodar y Pavias , y mucho mas en Eslida. Hierro, cobre y cinabrio acompañan estas mineralizaciones. 


Escuterudita.

El cobalto está presente en minerales como la eritrina, la cobaltocalcita, la asbolana o la escuterudita. Estas menas cobaltíferas no servían como menas metálicas. Los primeros intentos de fundirlas para obtener metales fracasaban dando en su lugar sólo óxido de cobalto en polvo, y además este proceso era tóxico por el contenido en arsénico.

Cobaltocalcita.

Las producciones de Manises están ligadas a estas minas, y el óxido de cobalto extraído se destinaba íntegramente a ellas.
Junto a las produciones monocromas en cobalto, fundamentalmente azulejería, para las vajillas de mesa se especializaron los talleres maniseros en las lozas doradas, que combinaban los perfilados cobalto con rellenos y decoraciones lineales en cobre obtenido por reducción en tercera cocción (bizcochado, aplicación de baño estannífero y pintura cobalto, y antes de la tercera, reductora, pintura con óxido de cobre).


Loza dorada de Manises.


Ladrillos pintados en verde de cobre, morado de manganeso y melados de óxido de hierro, inspirados en las producciones andalusíes de Mertola.

Cronológicamente, a las producciones azulejeras de Paterna y Manises en verde y morado (cobre y manganeso sobre fondo de blanco de estaño), con representaciones de plantas estereotipadas y animales, propias de finales del s.XIII y XIV, siguieron los azulejos pintados en azul de cobalto y reflejo metálico. Ello supuso la innovación técnica valenciana más destacable.

Motivo de la azulejería de Paterna, siglo XV. Oxido de cobalto sobre esmalte estannífero.

Bizcochado, baño de esmalte en crudo y pintura con óxido de cobalto.


Cocido el esmalte decorado con cobalto, aplicación de lustre de cobre.


Loza dorada y azul gótica.

 Manises y Paterna produjeron masivamente azulejos decorados con este pigmento. La base decorativa de estas producciones es siempre el esmalte estannífero, utilizándose como pigmentos los óxidos de cobalto, manganeso, a veces el cobre en oxidación y el reflejo metálico. Los motivos decorativos muestran influencia malagueña, tanto en azulejos como en los platos, cuencos y jarros de loza dorada o azul. elementos iconográficos geométricos y vegetales de raíz musulmana como los atauriques, las alafias, los árboles del Paraíso, los pavones, las piñas persas, las palmetas rayadas, así como vírgulas y retículas y las pequeñas espirales y paralelas .

Cuencos y escudillas de loza dorada y azul.

Por otra parte existen composiciones de pequeños azulejos que presentan los temas típicos de la loza azul contemporánea: flores de puntos o de perejil, zarcillos, epigrafías, estrellas y hojas rayadas. Los cardos, las clavellinas, los ramos con ejes en diagonal, las rosetas... son elementos que se van estereotipando buscando el poder rellenar la superficie blanca con elementos sencillos pero atractivos de ejecuciòn seriada, simétrica, combinables entre sí y adecuados al movimiento natural del pincel y la muñeca.


Azul cobalto de Manises en una pieza del siglo XIX.

Azul cobalto de Manises en una pieza del siglo XIX.


En los cuencos ejecutados como muestra se ha podido experimentar con la cualidad del óxido de cobalto para producir líneas de distinto espesor y rellenos. Los dorados se han ejecutado con la técnica contemporánea del lustre metálico, pintado y sometido a cocción posterior a una temperatura en torno a 740 grados. El uso del lustre plantea otros problemas al disolverse en base de trementina, lo que obliga a utilizar una densidad óptima porque o bien no corre el pincel o bien el exceso de diluyente corre la limpieza de las lineas al pintarse sobre un medio no absorbente, como es esmalte cocido.


viernes, 13 de enero de 2017

Las jarritas del ajuar funerario visigodo.


Las jarritas del ajuar funerario visigodo.


 Jarritas visigodas del Museo de Ciudad Real

Ha destacado Raúl Aranda González en su publicación “Cerámica de época Visigoda: una historia de investigación “, la importancia del II Simposio de Arqueología de Mérida para la investigación de estas cerámicas, pretendiéndose en dicha reunión poner un orden metódico en la discusión abierta en torno a las producciones cerámicas desde las últimas romanas hasta las primeras califales.


 Disco de lucerna bajoimperial romana con cruz.

La cerámica de época visigoda venía adquiriendo protagonismo, y el Simposio supuso la puesta en común de diferentes focos regionales de investigación. Estas investigaciones han puesto el acento además en aspectos tecnológicos de las producciones cerámicas, como análisis de pastas, tipos de fabricación, cocciones, ampliando así la visión de clasificación tipológica propia de décadas anteriores.


Reproducción de un ajuar visigodo, de Arqueocerámica.

Destaca este autor que no puede entenderse la cerámica de los siglos VI y VII si no se atiende a sus vínculos con el mundo tardorromano y el emiral. La visión supera el modelo basado en la etnicidad visigoda, entendiéndose la cultura material de estos siglos como el reflejo de una sociedad que es diversa y compleja.

  Jarra visigoda del Museo de Córdoba.
 Pasta roja engobada en blanco.

Para poder estudiar aspectos fundamentales como la organización territorial , el poblamiento, la economía, las estructuras políticas y sociales, se hace preciso el estudio sistemático de la cerámica como fuente básica de datos de la cultura material que arroja luz sobre esos otros aspectos más amplios, empezando por los cronológicos.


 Ladrillo impreso visigodo, Toledo.

Sobre cronología, también, José Ignacio Murillo, analizando una jarrita de la necrópolis de Castiltierra, destaca que los resultados de las últimas investigaciones amplían el marco cronológico de los restos materiales antes considerados visigodos, que hoy se adscribe al periodo tardorromano (siglos IV y V) y que se prolongan hasta los siglos VIII y IX, al periodo emiral. La denominación de cerámica tardía o tardoantigua parece más adecuada al ser más amplia.

Jarrita globular tardía en el Museo de Alcoy.

Los ajuares de época visigoda aparecen a menudo en ambientes funerarios. Hasta ahora la investigación, por medio de los ajuares, diferenciaba las necrópolis visigodas de las pertenecientes a la población mayoritaria hispana, según nos dice este autor. La aparición en las tumbas de broches de cinturón, fíbulas y otros elementos ornamentales de tradición germánica se fechaban sistemáticamente antes del 589, fecha de la unificación religiosa católica bajo Recaredo.

Moneda visigoda de Recaredo.

 Ello habría supuesto una diferenciación respecto al período anterior afectando la liturgia y los ritos funerarios, Pero matizando que, al ser el arrianismo una herejía del cristianismo, aspectos formales no diferirían en exceso de la ortodoxia católica, por lo que no cabe otorgar un valor determinante a las variables utilizadas para distinguir entre necrópolis visigodas y necrópolis hispanorromanas.

Botella visigoda de asa plana.


Necrópolis de Vistalegre, Aspe, Alicante.


Sabemos que el grupo cultural visigodo practicó un ritual de inhumación muy influenciado por las costumbres tardorromanas de los primeros cristianos. Las inhumaciones de este periodo, en muchos casos, van acompañadas de ajuares funerarios que podían estar compuestos de diferentes objetos cerámicos, producto de ofrendas rituales, además de objetos que formaron parte de la indumentaria de cada difunto. Ambos sexos empleaban la túnica como vestimenta, complementada con una capa. Para sujetar la primera usaban fíbulas dispuestas sobre la clavícula, ciñéndola con un cinturón provisto de placa adornada. 

Aretes visigodos, Museo de Ciudad Real.

A partir del siglo VII, los tipos de hebillas de cinturón con placas se transforman en láminas de bronce fundidas con decoración calada, grabada o en relieve, mientras que se pierde el uso de las fíbulas. La capa podía sujetarse con otra fíbula. En los enterramientos masculinos aparecen a veces algunas armas, como cuchillos o espadas cortas. Y en los enterramientos femeninos aretes, collares con cuentas de vidrio, pulseras y anillos de diferentes metales. 

Pulsera visigoda en el Museo de Ciudad Real.

En cuanto a las cerámicas, las jarritas son las más comunes, a veces junto a ungüentarios de vidrio. Las formas cerámicas pueden ser, además, botellas, cuencos y platos. Las ofrendas rituales, siguiendo costumbres y tradiciones antiguas, suelen ser de alimentos o libaciones de líquidos.

Ajuar funerario visigodo, reproducción de Arqueocerámica. Lucerna paleocristiana de Benalúa.


Hebilla visigoda. Pasta vítrea. M.A.N.

La tradición romana de alimentar a sus difuntos en el más allá, acompañando los deudos el banquete funerario, fue condenada en diferentes concilios eclesiásticos por su carácter pagano. Así, en el II Concilio de Braga, se establece que No está permitido a los cristianos llevar alimentos a las tumbas de los difuntos, ni ofrecer sacrificios a Dios en honor de los muertos.Esto ha llevado a interpretar la presencia de estas jarritas del ajuar funerario como contenedores del agua bautismal, signo de la profesión cristiana del difunto.

Concilio en la Hispania visigoda.

Esta interpretación debe conjugarse con que el bautismo visigodo se realizaba por inmersión en la piscina bautismal, según el rito isidoriano, y, de aceptarse, más parecería, de tratarse de agua bendita, que no lo sabemos, de un recuerdo del bautismo recibido tal como hoy se asperja el ataúd del bautizado, o como un elemento apotropaico.


Piscina bautismal en el Museo de Valladolid, provista de gradas
cuyo descenso tenía su sentido simbólico.

De tonalidades claras, a menudo con desgrasantes visibles, la forma de las jarritas es a menudo piriforme, a veces de tendencia globular, con asimetrías en muchos casos que delatan el torno lento, sin pie salvo excepciones en que se aplica imitando formas litúrgicas de bronce, de cuello estrecho y alargado, monoansatas o de dos asas que arrancan de un engrosamiento o labio en bisel que rodea el cuello y caen en curva hasta el hombro. Algunas presentan el pellizco vertedor en boca y otras no, resultando jarrita o botella. La decoración, a veces, queda reducida a algún zigzag de finos incisos a peine.


Jarrita visigoda de dos asas.

Jarrita visigoda del MAN con decoraciones impresa e incisa a peine.


Evidencian un marcado cambio tecnológico de la producción frente al modelo bajoimperial, al sustituir la homogeneidad de las grandes producciones que se distribuían a todo el imperio por pequeñas producciones locales con un carácter más artesanal.


Jarrita visigoda. M.A.N.

Jarrita y hebilla visigodas, reproducciones arqueológicas Arqueocrámica.



Epigrafía visigoda.


Los asentamientos visigodos se hicieron, por norma general, en pequeños grupos rurales, que vivían en poblados de tiendas y cabañas, de los que sólo han llegado a nuestros días las necrópolis. Comunidades de unos doscientos o trescientos individuos, que durante tres o cuatro generaciones mantuvieron sus formas de vida tradicionales. 



Botella visigoda de La Alcudia de Elche.

Así, a menudo conviven cerámicas hechas a torno con producciones a torneta o torno lento,- distinción que ha matizado muy acertadamente la profesora Sonia Gutiérrez para cerámicas paleoemirales, en su trabajo sobre la Cora de Tudmir-, con acabados a mano y un sencillo alisado de las superficies que prescinde de engobados muy característicos y de calidad como fueron las cerámicas bañadas en sigillata. 

Hebilla visigoda en el MAN, con engastes de pasta vítrea y granates.


También se documenta una significativa reducción de formas, y escasean los hallazgos de hornos de convección o doble cámara, volviéndose a menudo a cocciones en fosa simple y a hornos de fuego directo y pequeño tamaño propios de talleres familiares.

Enterramiento tardío bajo tegulae, Museo de Alcoy.

Crismón visigodo emeritense.