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sábado, 19 de marzo de 2016

EVOLUCIÓN DE LA CERÁMICA IBÉRICA DESDE EL YACIMIENTO DE LA ALCUDIA DE ELCHE.

EVOLUCIÓN DE LA CERÁMICA IBÉRICA DESDE EL YACIMIENTO DE LA ALCUDIA DE ELCHE.



                             Urna ibérica geométrica decorada con círculos y trazos a peine. Alcoy.

En numerosos trabajos arqueológicos sobre La Alcudia de Elche, el profesor Ramos Fernández, a quien seguimos en esta entrada, identificó cuatro períodos en la producción cerámica ibérica pintada, sustentados en casi medio centenar de campañas de excavación desarrolladas en gran parte por su padre, D. Alejandro Ramos Folqués en el yacimiento.


Fragmento de pintura vascular ibérica (cuerpo superior de un pithos), representando a la llamada diosa de la Alcudia entre representaciones de animales de tierra, agua y aves, grabado en placa cerámica para museografía adapatada a invidentes.

Concluye el autor que La Alcudia es el yacimiento que mejor permite observar los orígenes y el desarrollo total de la cerámica ibérica pintada, ratificando la interpretación estratigráfica lograda por Ramos Folqués. “ En La Alcudia se aprecia cómo surge el mundo ibérico a partir de la población indígena del Bronce Final que asimila y crea; cómo se configura y personaliza en una primera fase que denomina Ibérico I o Ibérico Antiguo, con arquitectura, escultura y cerámica de decoración básicamente geométrica; cómo se extingue la producción escultórica y hace su aparición la nueva decoración cerámica de tipo simbólico y representativo en el período que llama Ibérico II o período iberopúnico; cómo a mediados del siglo I a. J. C. bajo la dominación política y militar romana, permanecen en sus líneas generales las bases de la cultura ibérica, que llama Ibérico III o período iberorromano, caracterizada por la decoración cerámica de temas vegetales esquemáticos, reticulados y bandas de SSS preferentemente”; y cómo se sucede una última fase, en una Illice romanizada, en la que se mantiene un tipo de cerámica que llama romana de tradición ibérica, al pervivir los viejos alfares iberos con independencia de quién ostentara el poder político.

                                         Orfebrería ibérica en una réplica de la Dama de Elche.

Estos estudios contribuyeron decisivamente a identificar cronológicamente el térmico “cerámica ibérica”, asignándole diez siglos de producción diferenciable en cuatro etapas, y aportando un doble valor: dado que la asociación formal y estilística de la cerámica estaba sustentada en excavaciones rigurosas que permitíeron secuenciarlas en el tiempo, además de contextualizarlas con cerámicas de otras procedencias presentes en los niveles del yacimiento, una vez establecida la secuencia cronológica de evolución formal de la producción indígena ibérica, ésta se convierte a su vez en patrón cronológico para, por asociación o de forma complementaria, aplicar sus dataciones a la secuencia ibérica en general. 

                                             Vaso llamado del Héroe. La Alcudia de Elche.

El contraste con las investigaciones de otros yacimientos lleva al profesor Ramos Fernández a hacer extensiva la clasificación de la producción cerámica ibérica de La Alcudia al resto del territorio peninsular donde se desarrolló la cultura ibérica.

                                      Carnassier en un vaso de Archena, Museo de Murcia.

                                  Fragmento del león y la palmera del yacimiento de Zama

                                       Danzantes ibéricos de Elche, replica de un fragmento.


Los períodos los ha denominado el citado autor: Ibérico Antiguo, Ibérico II o iberopúnico, Ibérico III o iberorromano, y cerámica romana de tradición ibérica.

                                           Carácter indígena en un retrato monetal ibérico.

El autor proporciona, siempre sobre los datos aportados por La Alcudia, un hito cronológico que determinará los saltos evolutivos entre dichos períodos, la descripción de formas y motivos decorativos característicos de la producción indígena, y la asociación de elementos de cultura material definitorios del momento cultural, en particular la asociación a hallazgos de cerámicas importadas.

                                                  Fusayola ibérica. Museo de Alcoy.

Resaltar que el autor no atribuye a cada período una homogeneidad que resultaría inexacta, reconociendo junto al factor cronológico distintas tendencias vinculadas a la existencia de distintos talleres o la habilidad o estilo de decoradores concretos en cada momento. Estos aspectos más concretos sólo podían percibirse desde un profundo conocimiento de las producciones cerámicas de la Alcudia, y su análisis detallado es un campo hoy por investigar. 

                                                 Guerrero ibérico en un vaso de Libisosa.

Seguimos en su literalidad, la periodización evolutiva de estas cerámicas ilicitanas, tal como lo expresó el profesor Ramos en “Precisiones para la clasificación de la cerámica ibérica”, publicado en Lucentum:

“En La Alcudia, se manifiesta a principios del siglo V a. J. C. la cultura ibérica con la configuración de una auténtica ciudad que responde al estrato Ibérico Antiguo, que ofrece, asociadas a la producción de escultura y arquitectura monumental ibéricas, unos materiales cerámicos caracterizados por su decoración pintada de bandas, líneas, círculos, semicírculos y segmentos de círculo concéntricos, decoración esencialmente geométrica en la cual también están presentes, aunque en pequeña proporción, ciertos temas vegetales simples de tradición mediterránea así como representaciones de zoomorfos realizados a tinta plana pero con la peculiaridad, por lo general, de que estas representaciones se encuentran inscritas en temas geométricos Estas cerámicas ibéricas se encuentran acompañadas de escasas producciones áticas de figuras rojas y de vasijas de cerámica común . Los temas decorativos exclusivamente geométricos repiten insistentemente los mismos motivos que siempre suelen estar concebidos y resueltos de la misma forma....

                                   Escultura funeraria ibérica. Horta Mayor, Museo de Alcoy.

                     Vaso ibérico decorado con círculos concéntricos y bicromía. Museo de Lorca.




                                                 Kalathos con decoración geométrica.

                  Plato ibérico decorado con denticulados y vegetación esquemática. Museo de Alcoy.


En el último tercio del siglo III a. J. C. la ciudad ibérica existente en La Alcudia fue totalmente demolida,...

                                  Caja cineraria (inspiración) a partir de la larnakés griega.

 A partir de tales momentos se reconstruye la ciudad, se configura en consecuencia otro estrato, y se inicia el segundo período ibérico, que hemos denominado Ibérico II , que comprende desde los últimos años del siglo III hasta mediados del I a. J. C, si bien en otros yacimientos este segundo período termina con las guerras sertorianas. Esta etapa está caracterizada por la ausencia de producción escultórica y por la nueva temática de la decoración cerámica,. A este Ibérico II corresponden los vasos decorados con rostros o figuras humanas y las hermosas decoraciones de aves, carnívoros, caballos..., vasos cuya decoración es a veces un simbolismo religioso, con posibles representaciones de animales sagrados púnicos en personalísimas interpretaciones íberas. 

                                                     Guerrero ibérico. Museo de Alcoy.


                                                      Ave con adormideras o granadas.

                                                   kalathos con ave de alas explayadas.

Tales influencias cartaginesas son además aceptables en función del estudio del conjunto material: el hallazgo en este estrato de monedas, de numerosas cuentas de collar de pasta vitrea y de otros objetos de hueso y marfil revela una clara procedencia púnica. Sin embargo es indudable que esta temática decorativa de la cerámica no se debió a un predominio cultural y territorial púnico, aunque es evidente que fuertes lazos de influencias de Cartago, realizados a través de relaciones comerciales con Ibiza, matizan esta época. Así, en esta cerámica es notoria la influencia expresada por las realizaciones de figuras aladas, ojos, serpientes y gavilanes; y corrobora esta influencia el hallazgo de ánforas con marcas púnicas y con leyendas en tinta roja. Por ello es evidente que durante el siglo II a. J. C. y hasta mediados del I a. J. C. Iberia se encontraba viviendo su tradicional cultura indígena pero influenciada por ideologías púnicas.



                        Pájaro ibérico en el cuello de un enócoe del Museo de Cartagena.

 La cerámica es la que caracteriza, como auténtica definidora de todo proceso cultural, a esta etapa. Su personalidad, su barroquismo, su independencia, su desprecio por los cánones clásicos y su singular identificación evidenciada por sus representaciones simbólicas, humanas, animales y vegetales, en las que se manifiesta el llamado horror al vacío rellenando cuantos espacios libres ofrece la zona decorada, constituye el más claro índice que puede precisarse para fijar un paso más en la secuencia cultural ibérica.


                        Decoración de estilizaciones vegetales con rellenos de líneas y rosetas

 Este tipo de cerámica es muy abundante y repite con frecuencia temas simbólicos, especialmente de aves, carnívoros y representaciones antropomorfas de libre interpretación íbera, además de las figuras humanas en escenas de variado tipo. En consecuencia su nota dominante la dan sus ricas decoraciones pintadas. La ejecución de su temática figurada es a mano libre mientras que la de sus motivos geométricos es fija y con el tradicional compás o peine, con manifestaciones muy variadas, ya en semicírculos, segmentos y más rara vez círculos completos, y unos y otros, casi siempre en grupos concéntricos que, agrupados en bandas, constituyen armazones de delimitación de zonas siendo en sí elementos secundarios de decoración y no los temas generalmente únicos y principales que caracterizaban la etapa anterior, la fase Ibérica I o Ibérica Antigua. En esta segunda etapa los tipos vegetales son muy ricos, cifrándose no sólo en pintar la vegetación real sino que además entrelazan unos motivos ornamentales con otros y rellenan los espacios que quedan libres con dibujos ideales situados entre las típicas palmas y granadas, flores, hojas y tallos, así como con las simbólicas rosetas y con representaciones de la vida. La más notable manifestación artística en la cerámica se muestra, consiguientemente, en el dibujo figurado que se desarrolla en temas que decoran la zona principal de las vasijas. Las aves son uno de los motivos simbólicos que con más frecuencia se presentan, siendo su tipo uno pero muchas sus variedades, diferenciándose unas de otras esencialmente por la forma de los picos, ya recios y curvos, ya rectos y finos o ligeramente curvos, casi siempre de perfil y generalmente con las alas explayadas. 


                                                                   Personaje ibérico.

                                       Réplica museográfica de un fragmento de La Alcudia.
                                                                 Conejos y liebres.


Otro animal representado frecuentemente es la liebre que se muestra generalmente corriendo, aunque también aparece en reposo y en ocasiones amamantando a la cría. También se encuentra plasmado el carnero así como los reptiles. Muy típico es el llamado «carnicero», animal fantástico con patas de ave, grupa de caballo y cabeza de feroz expresión casi siempre con la boca abierta mostrando sus grandes dientes. El caballo se representa a veces con gran realismo y la fauna marina tiene su expresión en estrellas de mar, pulpos y peces de variado tipo. 

                               Réplica de un fragmento de La Alcudia. peces, aves y liebres.

Por último la figura humana, relativamente frecuente en la ornamentación cerámica de este período, tiene múltiples manifestaciones, aunque en ellas debemos distinguir por una parte la figura humana de las posibles escenas narrativas y por otra, las representaciones antropomorfas de tipo simbólico. En La Alcudia, en este estrato, junto con la cerámica ibérica decorada aparece, además de la indígena sin decorar, cerámica de Gnathia, calena, campaniense A y B y cerámica de Megara.

                                 Otro personaje ibérico entre rosetas. Museo de Cartagena.


A principios de la segunda mitad del siglo I a. J. C. se produce una nueva remodelación en la ciudad ibérica existente en La Alcudia tras su conversión en colonia romana, la Iulia Illici Augusta... no modificó sustancialmente las tradiciones indígenas que una vez más se manifiestan, esencialmente en su producción cerámica que responde consiguientemente a un nuevo período en el proceso cultural ibérico. La cerámica indígena, es decir ibérica, de este período, comprendido entre mediados del siglo I a. J. C. y mediados del siglo I de J. C, ofrece características peculiares, supone una nueva fase que designamos como Ibérico III o período iberorromano puesto que tanto en formas como en temas decorativos es algo realmente distinto a las producciones de las dos fases anteriores, y precisamente la presencia de ciertas pervivencias decorativas manifiesta su sentido de transición y evolución. Estas cerámicas pintadas iberorromanas ofrecen una temática diferente así como diferentes ejecuciones y soluciones en las realizaciones de sus motivos: las bandas de SSS que anteriormente se empleaban como motivo secundario de decoración pasan ahora a ser el tema principal y único que decora algunos vasos; surge un nuevo motivo de tallos y hojas muy esquemáticos; aparecen nuevos tipos de hojas pintadas a tinta plana; se realiza una modalidad técnica consistente en realzar el dibujo por medio de líneas esgrafiadas que lo siluetean; predominan los finos reticulados como tema principal de decoración; van desapareciendo progresivamente las bandas de semicírculos concéntricos y prácticamente ya no se dibujan círculos y segmentos de círculos concéntricos.



 Réplicas de cerámicas ibéricas del Marq.




                                                Vaso plástico ibérico en forma de bota.

 Estas características decorativas de la cerámica de este período Ibérico III, iberorromano o tercer período de la producción cerámica ibérica, manifiestan la personalidad y la sencilla identidad de la etapa, y son, como en los períodos anteriores, extensivas a toda el área ibérica, con lo que afirmamos que las cerámicas de este tipo halladas en cualquier yacimiento ibérico deben datarse entre mediados del siglo I a. J.C. y mediados del I de J.C., es decir que deben situarse cronológicamente en la fase representada por este estrato de La Alcudia. 



Vaso ibérico con ave y granada o adormidera. Elche.

Estas cerámicas iberorromanas se encuentran asociadas a campanienses B y C, que en ocasiones se ofrecen con estampillas de letras latinas, y a cerámicas rojas con palmetas impresas, por lo que éste es el momento de la evolución de la cerámica campaniense a la sigillata ya que se emplean indistintamente las marcas de una y otra en cerámicas de barniz negro o rojo; asimismo comienza a aparecer en la sigillata aretina, con marcas rectangulares distribuidas sobre el fondo de los platos y posteriormente con una sola marca central, y finalmente la sudgálica. 



Escudo pectoral ibérico de La Alcudia.


A mediados del siglo I de J. C. se produjo una destrucción en la ciudad de Illici que supuso su reconstrucción y, consecuentemente, la formación de un nuevo estrato en La Alcudia. La ciudad ahora edificada se configura con aspecto plenamente romano y los hallazgos efectuados manifiestan la realidad del desarrollo de un arte provincial. Pero no por ello desaparecen los alfareros y decoradores íberos cuya personalidad continúa reflejándose en sus productos cerámicos. Esta ciudad romana aporta en sus conjuntos cerámicos, además de las manufacturas indígenas, cerámicas comunes, sigillata sudgálica, hispánica y clara, cerámica de Acó y cerámicas vidriadas con barniz verde .


En el año 256 de J. C. Illici fue arrasada por la incursión de los francos, tras la cual se restaura la ciudad, con característicos índices decadentes, que ofrece como elemento material distintivo la presencia hasta el año 410 de J. C., de cerámica estampada gris y roja. Pero durante toda la época romana, además de las variedades cerámicas indicadas, prosigue la tradición de la cerámica pintada ibérica , aunque en vasos romanos, especialmente olpes, cuya decoración suele ser sencilla, con roleos, volutas y elementos vegetales, persistiendo también las decoraciones de peces que, aunque bien ejecutados, tienen un estilo diferente a los de épocas anteriores. A esta modalidad cerámica debemos designarla como cerámica romana de tradición ibérica, que se mantuvo hasta principios del siglo V de nuestra Era. “

Plato ibérico con peces, recreación de Alfar Ilici.

Decorando cerámica ibérica.

Pintando un enócoe.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Taller lucernario: haciendo lucernas romanas.



Taller de lucernas romanas.


Lucernas romanas



 Lucerna romana del Museo Arqueológico de Cartagena.

 
Frente a otras producciones cerámicas que utilizan el torno, o el modelado manual, la técnica del molde bivalvo imprime al proceso manufacturero unas características muy particulares.
Los iberos conocían estas tres opciones técnicas. Tenemos ejemplos de modelado a mano de piezas únicas, sin posibilidad de seriación, como la figura cultual de la Diosa Madre de La Serreta de Alcoy. A molde de dos partes o valvas se fabricaron numerosos modelos de pebeteros o thymiaterios, por ejemplo, también ligados a la liturgia, siendo la necrópolis de La Albufereta de Alicante quizás el lugar donde más variedad y número de estos objetos rituales han sido hallados.


Diosa madre ibérica de La Serreta de Alcoy. Ejemplo de modelado singular, técnicamente imposible de seriar. Pieza única.


Molde para la elaboración de Thymiateria o pebeteros cultuales ibéricos. En este caso, un modelo de la necrópolis ibérica de La Albufereta.


 

Pebetero de los llamados de Tanit, realizado con molde bivalvo. MARQ.

Copiando una pieza ibérica del MARQ conocida como El Orellut realizada con molde de dos partes.


Los elementos de iluminación cerámicos utilizados por los iberos eran platillos o cuencos bajos sencillos de alfarería donde suponemos que una mecha y aceite o sebo servirían para alumbrar, sin perjuicio del uso probable de la cera, ya que conocían la apicultura.
La lucerna era el objeto imprescindible en toda casa romana desde la caída del sol. Los condicionantes técnicos de su producción convirtieron a estos objetos en elementos representativos del mundo romano, por su difusión y semejanza en cualquier parte del Imperio. 



Figurillas de terracota del Museo de Cartagena. Coroplastia romana realizada con molde bivalvo.

Bacchus de Cartagena. Molde y baño de terra sigillata.

 
Resumiremos su evolución: las primeras producciones romanas en barniz negro, que siguen esquemas helenísticos, surgen en torno al 250 a. C., difundiéndose hacia el occidente mediterráneo a partir el 180 a. C, estudiadas en su tipología por Ricci. A comienzos del s. I a. C., aparecen las variantes conocidas como tardorrepublicanas, las formas Dressel 1 al 4.
La adopción de la técnica del molde de dos valvas incorpora una serie de innovaciones como el cierre del disco por completo y una infinita gama de decoraciones en el mismo.
Además, esta técnica permite fabricar en grandes cantidades y, por tanto, una amplia comercialización. La manufactura lucernaria exige una infraestructura muy pequeña, y la utilización del molde de dos partes permite obtener muchos moldes de segunda generación a partir de un modelado original, incluso variando exclusivamente el molde superior decorado, pues el coroplasta puede servirse de un mismo molde inferior para fabricar lucernas con distintas decoraciones, siempre que no varíe la forma de la lucerna. Es decir, las variaciones se concentran en el disco.
Otro efecto de la utilización del doble molde es que difundió un repertorio formal común a todo el Imperio, un instrumento de difusión de imágenes: divinidades, mitos, alegorías, escenas cotidianas, incluso temática erótica.

                                                           Lucernas romanas por cocer.


 Lucernas romanas con variedad de formas y motivos decorativos.


En Hispania hubo numerosos talleres, y la investigación ampliará su número sin duda. Cada ciudad romana debió de contar con talleres lucernarios de difusión en las áreas vecinas. Estos talleres debían ser pequeños y casi familiares. Las modas cambiantes permitían al ceramista ofrecer a lo largo del tiempo novedades que despertaran el interés por adquirir nuevos modelos. A la arqueología le interesa especialmente la dispersión de las lucernas, estudiando las rutas del comercio, y la cronología. La lucerna que aparece en un contexto limpio, por su morfología y decoración, y por el sello del ceramista que suele estar impreso en una cartela en la base de la misma, se convierte en un elemento útil para la datación y el conocimiento de las rutas de aprovisionamiento de estos imprescindibles elementos.

                                 Lucernas bañadas antes de la cocción con distintos engobes.


 
La primera producción imperial propiamente dicha son las lucernas de volutas, caracterizadas por dos elementos ornamentales en forma de voluta en los extremos del arranque del rostrum.
Cada una de las variantes corresponde a una etapa cronológica, estudiadas por Loeschcke.
Con las lucernas de disco se inicia otra producción muy distinta de la anterior. Dressel estableció los grupos principales a partir de la estructura del pico y su forma de unión con el cuerpo de la pieza.

                                         Lucerna de volutas hallada en el Portus Illicitanus

La lucerna altoimperial de Santa Pola y su molde, escena pastoril. Similares han sido halladas con la cartela TYTIRUS en disco, por ejemplo, en el Museo de Bruselas.

 
Finalmente, entre los siglos IV y VI se produjeron las lucernas llamadas tardoantiguas, de producción norteafricana y bañadas en terra sigillata, también conocidas como lucernas paleocristianas por los motivos de su decoración: Crismón, paloma, Cáliz, pez, Santos cristianos, el Buen Pastor, racimos de uvas, escenas veterotestamentarias, etc. Flanqueando el disco, motivos impresos geométricos repetidos. La importación de estas lucernas se concentró en la el sureste peninsular, en especial en Murcia, Alicante y la costa catalana, mejor comunicadas con el norte de Africa por vía marítima.



 Lucernas paleocristianas.


                                            Lucerna paleocristiana con paloma y su molde.

 
El proceso de fabricación es sencillo una vez que se dispone de un buen modelado y un buen molde, pero en estas dos fases previas es delicado y costoso, trabajo de especialistas: modelado un original, con barro bien decantado, y utilizando herramientas para trabajos delicados de incisión, impresión o estampillado, lijado y bruñido, se realizaba el molde. La pieza se recubría con arcilla hasta una altura y, previa elaboración de un encofrado o cajetín en torno a la pieza, se vertía en él yeso. Una vez fraguado, se repetía la operación para obtener el molde de la parte desnuda de la lucerna. Para evitar que se pegasen ambas partes se untaban de aceite de oliva. El artesano especializado en realizar estos originales y moldes, cuidaría de no dejar salientes en el modelo que, reproducidos en el molde de yeso, dificultaran el desmoldado de las piezas. Además creaba en la arcilla envolvente, o directamente en el yeso, anclajes que asegurasen que ambas mitades coincidieran perfectamente al superponerse. Esta tarea es delicada y laboriosa. Un buen molde tiene una duración larga, aunque el uso continuado aconseja su reavivado en los detalles con cierta periodicidad. 

                             Lucerna paleocristiana y herramientas para modelado de originales

  
Los moldes podían hacerse igualmente de arcilla, pero el secado del molde produce una merma en torno al diez por ciento del tamaño de la lucerna producida.
Para la elaboración de las copias a partir del molde obtenido, una vez bien seco, se precisa arcilla bien decantada, pequeños utensilios para cortar rebabas, lijas y bruñidores para repasar fallos, arañazos, desconchones. La arcilla se extiende en una y otra valva cubriendo el interior, dejando el espesor de pared deseado, y luego ambos moldes se encaran y unos ligeros golpes unen ambas mitades si el barro está lo suficientemente blando y el artesano ha dejado un ligero exceso de altura de la pared en una de las mitades. De no ser así, puede añadir un cordoncillo de barro humedecido en barbotina antes de aplastar ambos moldes uno contra otro.


                    Lucernas romanas: entre ellas se aprecian dos prototipos o modelos en macizo.


 
La contracción del barro hace que se desprenda del molde; el aire encerrado en la pieza la va tensando al aumentar la presión mientras seca, lo que contrarresta la posibilidad de que la pieza sufra un ligero hundimiento mientras seca si se ha dejado salida al aire. Pero si se tarda demasiado en abrir los orificios, se corre el riesgo de que la presión del aire agriete la lucerna.
La adición de asas, menos frecuente que el asa ya unida al bloque desde el mismo molde, y otros elementos morfológicos, y su repasado, completa el modelado.



 Lucerna paleocristiana con Crismón, en su molde antes de abrir los orificios.


Se practica con una herramienta de boca cortante y circular el orificio de combustión, donde arderá la mecha. El orificio u orificios de aireación y llenado, más pequeños, se abren del mismo modo en el disco. A veces, en las lucernas imperiales, se observa un diminuto agujero que ventila el canal del rostrum, aunque la experiencia de fabricar lucernas enseña que a menudo se practica por el artesano para dar salida al aire durante el secado mientras la mitad de la pieza permanece anclada en medio molde, tes de practicar los orificios de combustión y ventilación: sacarla antes de tiempo puede deformarla, y dejarla sin control durante el secado puede producir agrietamientos. Esta mínima perforación permite posponer el momento de desmoldar y practicar los orificios pero dando una salida al aire mientras.


                                                Terra sigillata ya lista para bañar lucernas.


Lucernas romanas con baño de distintos engobes.


Por último, un ligero baño en un engobe muy líquido de sigillata embellece y, sobre todo, impermeabiliza la pieza interior y exteriormente, de modo que no se ensucia del aceite que de otro modo penetraría los poros del barro. En muy raros casos se aprecia un barniz de esmalte, como es el caso de la lucerna de doble piquera y espejo de hoja de parra de La Alcudia de Elche. Al fundente plúmbico (galena de plomo molida, o alcohol de alfarero) se le añade óxido de cobre. Después, la cocción, y al mercado.

 
Lucerna vidriada de la Alcudia de Elche.

                                                    Galena molida o alcohol de alfarero.