sábado, 7 de mayo de 2016

Réplica de algunos vasos campaniformes del Acebuchal de Carmona. Segunda parte.



Réplica de algunos vasos campaniformes del Acebuchal de Carmona. Segunda parte.




Vaso terminado. El original en la Hispanic Society de Nueva York.


La tarea previa comporta recolección de arcillas y desgrasantes, preparación de pastas, engobes y utensilios. Obtención de imágenes ampliadas.
He utilizado pastas de tres tipos: terracota con adición de manganeso, castaño claro calcárea de cuenca sedimentaria neógena (Lorca), amarillenta muy calcárea de la cuenca neógena del Vinalopó.
Desgrasantes. Además de los naturales contenidos en dos de las arcillas mencionadas, básicamente calcáreos, he utilizado, en unos u otros casos, incluso combinados, jumillita con presencia de mica de Jumilla, filitas gris plata de sedimentos finos de la Sierra de Cartagena, polvo volcánico de las dacitas de Carboneras (Almería). La proporción en todo caso ha sido a ojo, buscando un punto de consistencia de la pasta que permitiese el levantado de la pieza a rollo con la plasticidad adecuada. 



Lijado con esparto.


Los granos de los tres tipos de desengrasantes han sido tamizados algo por debajo del milímetro.
Su utilización venía aconsejada por la posibilidad de cocción en hoguera, para mejor resistir el choque térmico, aunque finalmente esta opción ha sido descartada. En todo caso, he constatado la presencia de desgrasantes gruesos en la ficha descriptiva de los vasos campaniformes de La Minilla, en la Rambla de Córdoba, precisamente en vasos de gran delicadeza en su decoración incisa, lo que evidencia un engobado grueso.


Vaso campaniforme puntillado del Acebuchal, de los publicados por Harrison.


También en los fragmentos de Porto Torrâo, Ferreira de Alemtejo, publicados por Jorge Santos, en su blog A Lente Verde, puede apreciarse una pasta con abundante desgrasante de tamaño diverso como soporte de la decoración puntillada o impresa.

Campaniforme de Porto Torrâo, Ferreira de Alemtejo, tomado de Jorge Santos, A Lente Verde.

La mayor resistencia a roturas que supone el uso de abundantes desgrasantes no dificulta el trabajo de impresión si el grano es pequeño. Pero hace muy dificultoso el trabajo inciso, incluso cuando la pasta ha sido cubierta con un engobe. El punzón tropieza con los granos más gruesos y descascarilla el engobe, las líneas son imperfectas.



Decoración incisa de una copa del Acebuchal de Carmona.

En “Moravian bell beakers. A production experiment”, Universidad de Brno, los autores sugieren, tras varios análisis y experimentos, varios aspectos técnicos de interés: una posible doble cocción (reductora primero hasta 600 grados en foso, otra oxidante hasta 900 en horno de doble cámara proto-eneolítico), la reorientación de las partículas visible al microscopio que atribuyen a la técnica del rollo, el uso de óxido de hierro mezclado con arcilla fina como engobe, visible en lámina delgada, el engobado posterior a la impresión, y la incrustación de pàsta blanca (caolín) post cocción. Además, presentan una serie de peines o punzones para puntillar de madera.


Campaniforme puntillado. Engobe gris negruzco sobre pasta castaño. Rebruñido.

El dato del engobado, constatado en cerámicas campaniformes de Olomouc-Slavonín, hay que relacionarlo, a mi entender con dos cuestiones técnicas. Para cerámicas impresas, sobre pastas con desgrasantes, afecta directamente la posibilidad del bruñido, además de dar el color buscado. Pero no sería imprescindible si no se pretende un bruñido muy fino y brillante, ni alterar el color natural de la pasta (bruñido somero en dureza de cuero). En cambio, para decoración incisa, si la pasta contiene desgrasantes apreciables a la vista, el engobado es imprescindible para bruñir, y el bruñido fino es previo a realizar la decoración incisa. Si se pretende obtener un buen bruñido, no es posible hacerlo sobre pasta con mucho desgrasantes en superficie. Los granos son arrastrados y arañan la superficie. Pero el bruñido muy brillante compacta y seca la pasta, reorientando las partículas de arcilla, y dificulta o imposibilita utilizar la técnica de impresión, el barro está demasiado duro. Ese mismo bruñido es óptimo para la técnica incisa. 

Cruz de Malta, campaniforme del Acebuchal.

He utilizado un engobe de arcilla oscura con adición de óxido de manganeso, que, aplicado en dos capas sucesivas a brocha, dota a la superficie de cierta humedad y una capa homogénea que facilita la impresión puntillada a peine. Hay que dejar secar después antes de rebruñir con caña, piedra y trapo de lana, para evitar emborronar la decoración impresa. 


Decorando a punzón. Antigua colección Bonsor.

Los punzones han sido realizados haciendo pequeñas escotaduras en palitos planos de madera.
Para los círculos concéntricos se ha combinado la técnica incisión previa, y sobre la hendidura el puntillado, en ese caso con herramienta de madera de borde curvo, en semicírculo, una aproximación a la ruedecilla alfarera.
Tras el levantado a rollo de la pieza sobre soporte cerámico, en dureza de cuero se ha retocado el borde. En una fase más avanzada de secado se procede mediante una esteca o herramienta metálica (serviría una hoja de Palmela) se procede al raspado, para igualar, quitar bultos, mejorar la simetría.
Tras el raspado, utlizando una madeja de esparto, alisado interior y exterior, produce un lijado fino. A continuación, mediante un trozo de trapo mojado, se extiende la arcilla tapando arañazos, nivelando la superficie en movimientos amplios y rápidos siguiendo las curvas para terminara de alisar y homogeneizar la superficie.

Pulido con cuero sobre el bruñido con canto rodado.

 Por último se da el primer bruñido, combinando caña con piedra pulida en movimientos a veces rotatorios, a aveces en el mismo sentido, según van pidiendo las curvas de la pieza, orientada al reflejo de la luz para poder ver el avance por el contraste mate-brillante.
Tras dos capas de engobe y un suave rebruñido, impresión de la decoración puntillada.
Si la pieza va a tratarse sólo con incisión, el bruñido más enérgico y esperar el secado del engobe.
El pulimentado final, con trapo de lana.


 Dorso de la pieza.

La cocción, por limitaciones técnicas, una sola y oxidante. Una serie se ha cocido a 900 grados, otras piezas, de modo experimental al límite de vitrificación, 710, según lo sugerido por los autores del estudio de las piezas de Monturque.



En cuanto a la adición final de pasta blanca, por incrustación, he optado directamente por hacerla en postcocción, pues con la experiencia de aplicar pasta a piezas crudas demuestra lo fácilmente que se producen borrones de la decoración cuando, al humedecerse, se retira después por raspado el excedente. He utilizado directamente carbonato cálcico, Las citadas experiencia de Brno son también incrustaciones post cocción y a la cal, al hueso molido y al caolín suman el sulfato cálcico (yeso) como opciones.
Bruñido de una tablilla experimental para incrustar pastas blancas.


 Preparando pasta de carbonato cálcico.


Todavía no he visto el resultado de comparar la incrustación en crudo de carbonato de calcio frente a ceniza de huesos, y posterior cocción a 710 grados. Sí he observado, que al retirar el excedente de pasta sobre la plaqueta de arcilla cruda y bruñida, el hueso se va con mayor facilidad, se peierde en parte, siendo la cal más estable para la misma densidad de pasta.

Pasta de ceniza de huesos.

Durante el proceso experimental, he hallado dos pequeños pero interesantes recursos técnicos, al alcance de aquellas gentes del calcolítico, que me han permitido obtener mejores resultados en cuanto al brillo y contraste de las piezas. Pero, no siendo de interés científico, y sí afectando al aspecto final de las piezas, me los quedo para mí. Secreto.

Bruñido espectacular.

Hachas pulimentadas, industria líticca del calcolítico.