domingo, 3 de septiembre de 2017

Algunas cerámicas del Museo arqueológico de Zamora.


Algunas cerámicas del Museo arqueológico de Zamora.

Rostro humano esquemático aplicado a una vasija. Museo de Zamora.

El Museo de Zamora tiene sección de arqueología y de Bellas Artes. Sin duda, esta última merece una visita detallada, y ambas son expresión de la riqueza patrimonial de la provincia, especialmente durante el período medieval. Pero me limitaré a sobrevolar la primera, obviando lo que no sea cerámica.

Vasija de plata de uno de los tesoros hallados en Arrabalde. Museo de Zamora.


La visita a la sección de arqueología del Museo de Zamora es muy grata. Materiales como los tesoros de Arrabalde, de calidad muy alta, joyas de la orfebrería con merecida difusión, así como una rica colección de elementos de metalurgia, epigrafía, talla en piedra, musivaria, etc. forman parte de la riqueza de estas colecciones, pero apenas dejamos algún ejemplo, cautivados por su interés o por su belleza. 

Extraordinaria y única, la fíbula de Arrabalde es un emblema del Museo de Zamora.

Así, los dos canceles visigodos de Pozoantiguo, como expresión de la riqueza de la talla de la piedra en estas tierras, o las curiosísima pizarra escrita de Fuente Encalada, documento epigráfico del siglo X, es un texto latino que se ha dentificado con algún pasaje de la Pasión de San Bartolomé, que contiene invocaciones contra el daño que suponen el granizo y las tormentas, escrito en caracteres visigótico-mozárabes,

Estela de Cudia. Villardiegua de la Ribera.

Placa hornacina visigoda de Pozoantiguo. Probable elemento de cancel. Museo de Zamora

.Pizarra escrita de Fuente Encalada. Fechada en el s. X, contiene una fórmula protectora contra el granizo.

Hay una importante representación de cerámicas de yacimientos provinciales, bien expuesta, ordenada cronológicamente, con piezas características del territorio en sus distintas etapas culturales, algunas singulares por su belleza o rareza.

Huellas de cestería (Gema del Vino) y recreación de un cuenco soporte de fibra vegetal para urdir barro.

Siguiendo la guía del propio Museo, encontramos escasamente representada la cerámica neolítica, procedente de Santiago de la Requejada, Gema, Villafáfila y Cabañas de Aliste.
Nos llama la atención la presentación funcional del crisol calcolítico de Velilla de Trasmonte, expuesto junto a un molde de fundición, asociados a la metalurgia de los túmulos.



Crisol y molde de fundición.

Campaniforme de Santa Clara, yacimiento de Los Pasos.

Calcolíticos también algunos materiales cerámicos de Las Peñas, en Villardondiego. De Vecilla de Trasmonte, llaman la atención unos recipientes elípticos que quizás sean crisoles. Más recipientes para fundir metal, de Peleagonzalo. Curiosas la cerámicas con soles de Castrogonzalo, y las queseras procedentes de Jambrina.

Cerámica incisa de Castrogonzalo.


Para terminar el período, uno de los ejemplos peninsulares más hermosos del campaniforme continental: las tres piezas funerarias de Villabuena del Puente, -vaso y cazuela acampanados, y cuenco hemisférico-, profusamente decorados con motivos geométricos realzados con incrustaciones de pasta blanca, ajuar datado en el tránsito del III al II milenio a. C., entre el Calcolítico y la Edad de
 Bronce.

Campaniforme de Zamora. Vaso de Villabuena del Puente.

Detalle del Vaso campaniforme de Villabuena. 

Vaso y cuenco campaniforme. Museo de Zamora.

Cazuela campaniforme de Villabuena del Puente.



Cuenco. Edad del Bronce.

La Edad del Bronce en Zamora adopta caracteres propios: se distingue una primera fase llamada "Parpantique" por un yacimiento soriano, que correspondería al Bronce Antiguo. Se denominan, aludiendo al famoso yacimiento abulense, "Proto-Cogotas" y "Cogotas I", las fases o contextos que corresponden al Bronce Pleno y Tardío.
Finalmente, se identifica un Bronce Final de tradición Atlántica que se superpone con la etapa llamada Soto de Medinilla, en paralelo a este yacimiento vallisoletano.

Cuencos de Las Peñas, Villardondiego.


Casaseca de las Chanas, Cogotas I.

Técnica de boquique, Cogotas I.

El horizonte "Cogotas I" (entre 1.400 y 850 a. C.) se caracteriza por cerámicas muy decoradas en la tradición campaniforme de motivos geométricos e incrustación de pasta blanca , si bien adicionando nuevas técnicas: la excisión y la de boquique, o punto en raya. Puden verse algunos fragmentos decorados ("protocogotas" y "cogotas") de Casaseca de las Chanas y Morales de Toro, caracterizando estos períodos del Bronce Pleno y Tardío,

Impresión con incrustación de pasta. Cogotas I.

Contenedor de grano. Edad del Bronce
.
Gran vaso de almacenaje levantado a mano y decorado con incisos en zigzag.

Para la Primera Edad del Hierro, ciertas piezas de cerámica, fusayolas, pesas de telar..., que junto a los punzones metálicos sugieren la práctica doméstica de la alfarería,el hilado, o el curtido de pieles.
La producción cerámica que caracteriza esta época presenta ejemplos de vasijas modeladas a mano, contrastando en sus acabados las cerámicas finas -espatuladas o bruñidas, con engobes cuidados- destinadas tal vez para comer y beber o para otros usos específicos, de aquéllas más toscas, dedicadas a la cocina y almacenaje, en ocasiones decoradas con impresiones digitales. Las técnicas decorativas más frecuentes son la impresión, incisión, bruñido, peinado, cepillado y pintura postcocción.
En cuanto a formas, son característicos los vasos de pie anular realzado, como el de Manzanal de Abajo. Una pieza extraordinariamente rara en estas tierras es el fragmento de cuenco pintado de la Aldehuela, con motivos geométricos y vegetales de estilo orientalizante, pintado postcocción y relacionado con el cinabrio, presente en tierras zamoranas.


El cuenco de la Aldehuela.
Es llamativo el conjunto, quizás ritual, de Manganeses de la Polvorosa
A partir de mediados del s. V a. C. se desarrolla la llamada Segunda Edad del Hierro que en el sector occidental de la Meseta acoge a distintos grupos culturales que perdurarán hasta la romanización.
En el territorio astur, al oeste del Esla, se da una cultura material arcaizante, relacionada con la etapa anterior, y se dará aquí, de forma sólo esporádica, a partir del siglo II a. C., la característica cerámica celtibérica, torneada y pintada. Hacia el este del Esla, la cultura del Soto se transformará lentamente con los influjos meridionales de Cogotas II, recibiendo los vacceos las influencias de esa celtiberización.


Vaso bruñido.

Al sur del Duero, en territorio de los vettones, la cerámica decorada a peine es la más característica, denominándose a esta fase Cogotas II a, que se prolonga hasta la celtiberización;
Corresponden a ese fenómeno de sincretismo denominado "celtiberización" algunas innovaciones tecnológicas que permiten elaborar la denominada cerámica celtibérica a torno, de pastas cocidas en fuego oxidante y decoración pintada, con relativa escasa presencia en el Museo, concentrándose los hallazgos en las zonas sur y oriental. En yacimientos como Fuentes de Ropel, Toro, o Bamba, a las cerámicas impresas y estampadas suceden los hallazgos celtibéricos que se adscriben a los siglos II y I a C., como cajitas de cerámica, fusayolas o canicas decoradas.


Fragmento aplicado representando un rostro esquemático de carácter indígena.

Plata del tesoro de Arrabalde.

Torques, orfebrería indígena.

Arracada.

La romanización va superponiendo y sintetizando tradiciones artesanales indígenas con las producciones romanas de las últimas fases de la conquista. Como en tantos lugares, quedn representadas la terra sigillata, la vajilla fina de mesa que mejor caracteriza la producción cerámica de época romana con su manufactura a molde, con pastas decantadas cubiertas por un barniz rojo o anaranjado, más o menos brillante, de gran calidad- procedente de centros riojanos-, o producciones finas locales, como el alfar de Melgar de Tera , con vasitos de paredes finas, y decoraciones incisa, de arenilla, de abollones o en relieve (aplicada con barro líquido o barbotina), y frecuentes motivos geométricos, de perlas y hojas de agua, siendo singular la aplicación de rostros humanos esquemáticos de sabor indígena.. Una ingente cantidad de materiales de este alfar, arrojados al testar por defectuosos, se exponen en el centro de la sala, dando muestra de la cantidad y calidad de su producción, y haciéndonos pensar en la ruina y desesperación del pobre alfarero que sufriera cocciones defectuosas de ese volumen.



Cerámica romana de paredes finas del alfar de Melgar de Tera.

El testar romano de Melgar de Tera.

Vidrio romano de la necrópolis de Vadillo de la Guareña.

Vaso a molde de Rosinos de Vidriales en forma de piña.

Los recipientes para cocinar o destinados al almacenaje y transporte son, como en todo el mundo romano, de tosca factura, con pastas menudo micáceas y refractarias (pastas que han dado renombre a los alfares zamoranos de Pereruela, producto de la meteorización de los feldespatos del granito), ennegrecidas por el fuego las que así se usaron, de colores pardo, gris o negro, producto de su cocción reductora. Se exponen ejemplos procedentes de Rosinos de Vidriales y Gema, siendo el repertorio habitual las ollas globulares, cuencos, cazuelas, sartenes y "platos de soldado", y, ya sin quemar, jarras y morteros.
A la época bajoimperial corresponden algunos fragmentos cerámicos de Peleagonzalo, Gema, Villafáfila y Villanueva de Azoague. Reflejan las técnicas decorativas tardías. Desde el siglo III la terra sigillata hispánica reduce formas y decoraciones, y pierden calidad los barnices. La competencia de nuevos centros productores especialmente norteafricanos da lugar a la denominada terra sigillata hispánica tardía (T.S.H.T), a molde, pero incorporando la decoración a ruedecilla o a buril y las estampaciones de importación.


Terra sigillata tardía gris de Villafáfila.

Plato estampado de Vadillo de la Guareña.

Plato y botella tardíos.

Cuenco del Castillón, Santa Eulalia de Tábara.

Detalle de la cerámica gris estampillada de Tábara.

Sigillata tardía.

De la cerámica visigoda, representada fragmentariamente por hallazgos de Muelas del Pan, con motivos estampados, similares a los tardorromanos,o por las vasijas con decoración acanalada, bruñida, estampada e incisa, de Morales de Toro, se dice que es heredera de las cerámicas romanas,, aunque sus últimas producciones irán perdiendo paulatinamente su identidad, pasando a ser piezas groseramente hechas, con barros y acabados poco cuidados y una decoración sencilla incisa.
La cerámicas de raigambre islámica, escasa, presenta decoración de goterones de pintura blanca goterones, o vidriados en verde con líneas de manganeso.
Los alfares medievales cristianos utilizaron la torneta, un repertorio sencillo y corto en cocción reductora. La decoración se reduce a incisos, estriados y peine (ejemplos procedentes de Colinas de Trasmonte y Villafáfila.
De época gótica destaca el conjunto de Benavente, procedente de un alfar de clara influencia mudéjar. Formas de jarritas bicónicas, ollas de almacenamiento de distinta capacidad, en cerámica con mica, y algunas jarras y recipientes con decoración a peine y bruñida que alcanzan el siglo XVII.
Como curiosidad, se exhiben cuatro fragmentos cerámicos de jardineras fechadas en tono al siglo XV con motivos aplicados, rostros grotescos y decoraciones clasicistas, a cuya originalidad caprichosa se suma el uso de la aplicación de piedrecillas de cuarzo blanco que contrastan los motivos, delimitándolos, hallados en el monte de San Miguel de Grox, cercano a Peleagonzalo. 

San Miguel de Grox, Toro. Incrustación de piedrecillas de cuarcita en jardinera. Siglo XV.

León, aplicación de barro y decoración con incrustaciones de cuarcita blanca.. San Miguel de Grox.

Producciones alfareras del siglo XVII están bien representadas por cantarillas decoradas a peine del alfar de la "Cuesta del Negrillo" de Toro, junto con jarras con decoración incisa y bruñida, de la misma localidad.


Jarrita a peine del s. XVII tapada con una piedra. Solar del Palacio del Cordón sede del Museo de Zamora.


Una visita gratificante y más que recomendable, todo un lujo. Me queda sólo agradecer su cordial amabilidad al Conservador del Museo zamorano, Alberto del Olmo.  

Tierra de astures, vettones y vacceos.

jueves, 3 de agosto de 2017

Talleres ibéricos en el Puig de la Nao de Benicarló.



Talleres ibéricos en el Puig de la Nao de Benicarló.

Vista del mar con la fértil plana litoral desde el Puig de la Nao. Al sur, Benicarló, al norte Vinaroz.


En el poblado íbero del Puig de la Nao, en Benicarló, ha sido posible acercarse a la vida cotidiana de aquella época en unas jornadas en las que, por segundo año, se han realizado dramatizaciones de aspectos de lo que fue la vida del poblado, con participación de público. A cargo de Ibercalafell la puesta en escena de esos instantes, intercalada con la visita al yacimiento explicada por personal del Museo Arqueológico local.


Acuñación de monedas ibéricas a cuño y mazo.

 Los talleres ibéricos han contribuido igualmente a la mejor comprensión de los modos de hacer de aquellos artesanos iberos, destacando los de cerámica pintada, trabajos de esparto, reducción de mineral de hierro, y acuñación de monedas ibéricas. 


Glandes de honda de plomo.

Otros, de contenido lúdico, han permitido al público asistente disfrutar del ocio a partir de elementos del patrimonio histórico, como el tiro con honda. Un pequeño mercadillo artesano ligado a estas actividades, y con productos de gran calidad, como terracotas, monedas, cerámica pintada, trabajos de esparto, incluido el vino local, complementaban la idea.


Pebeteros ibéricos de terracota.


El Puig de la Nao, muy cercano al mar, entre Benicarló y Vinaroz, es un poblado ibérico elevado, perteneciente al territorio de los ilercavones,  bien conservado en sus estructuras y restaurado con acierto, a pesar de que una cantera destruyó hace años buena parte.

Calle ibérica en el Puig de la Nao, sobre la roca natural.

Su posición permite una vista diáfana de la franja litoral y la costa inmediata. Su momento de apogeo se data en torno al siglo V a. C., con fases más antiguas de ocupación. Asentamiento fortificado, cuenta con muralla, torres adosadas, calles que separan espacios de habitación de talleres, almacenes y otras estructuras.

Espacios del habitat ibérico. el yacimiento está bien conservado y acondicionado para hacer comprensible la visita.



Calle del poblado ibérico.

Al pie del mismo, en una explanada de tierra, se han llevado a cabo varios talleres artesanales que bien pueden relacionarse con las formas de vida iberas. Nur-Arq era la empresa organizadora, y el personal del Museo de Benicarló coordinó las visitas al yacimiento del público.




Horno ibérico de reducción de hierro recreado por Artifex.

Pintando cerámica ibérica, con la excelente pintora Gloria, los niños han disfrutado. Niños y adultos han podido ver realizar trabajos tradicionales en esparto a cargo de Amparo, de Cadira de Boga, que con amor al trabajo textil y manos hábiles hizo una demostración de distintos trenzados.

Trenzado de esparto tradicional.

También pudo verse la recreación explicada del proceso de acuñación de monedas a cuño y mazo, una serie de ases ibéricos.

Taller de acuñación de monedas ibérico.

José Miguel, de Artifex, levantó con tierra un pequeño horno cónico para reducir mineral de hierro y obtener una masa enriquecida en metal, que con un laborioso trabajo posterior de forja daría una mínima cantidad de hierro metálico.
Mineral de hierro molido listo para fundir.


 Para ello, rellenado el horno con capas de mineral y carbón vegetal, estuvo durante horas insuflando oxígeno (inducción) mediante fuelles manuales hasta superar los mil doscientos grados. El momento de apertura del horno, ya de noche, fue el más espectacular por los colores del fuego, diferenciables en su tonalidad según la temperatura.


Unos iberos esperan pacientes que el horno alcance una temperatura muy elevada.

Fundidor ibero.

Escena intemporal de metalúrgicos.

Diferencia de color según temperaturas en el horno de inducción artesanal.

Abriendo el horno.

Masa de escoria enriquecida en hierro o esponja.

Esponjas de hierro listas para su forjado y procesos posteriores.


Toda iniciativa para dar a conocer nuestro patrimonio histórico es deseable y digna de apoyo. Recrear el pasado nos ayuda además a conocer nuestros propios orígenes, otras formas de vida que han permitido la subsistencia de nuestros ancestros durante milenios, adaptadas a un medio natural concreto, y ello conforma nuestra propia raíz cultural. Enhorabuena.


Els ibers.

Fundiendo hierro como nuestros ancestros.