domingo, 21 de diciembre de 2014

Los testares de Agost, memoria de la alfarería árabe del agua.



       Dedico esta entrada a mis maestros en cerámica, y amigos: a Roque Martínez Izquierdo, ceramista de Agost, que me inició en el torno y las técnicas básicas, y a Vicente Bernabeu Plaza, restaurador del Museo Arqueológico Provincial de Alicante, que aprendió y trabajó la cerámica también en Agost, y de quien he aprendido técnicas de reproducción de cerámica arqueológica y realización de moldes en muchas conversaciones a lo largo de los años.

Agost, tierra muy blanca y cielo muy azul.
      Agost es conocida por sus alfares y por el hallazgo de dos esfinges ibéricas en el lugar llamado Campo del Escultor. Pero su ocupación neolítica está atestiguada en la Cova de Sant Martí, donde aparecen las primeras cerámicas de Agost, con decoraciones incisas y a peine. El yacimiento del Negret documenta la edad del Bronce en su término. El Castellet de la Murta, con sus covachas y abrigos, fue ocupado también dos milenios antes de Cristo, y luego por romanos y árabes. La presencia ibérica se ha reconocido en el entorno de la actual ermita.

Esfinge ibérica representada en una moneda. Dos esfinges y un toro ibéricos en piedra caliza dan cuenta de la ubicación de una antigua necrópolis ibérica en el centro de la población actual de Agost.

El Terrer dels Pobres de Agost con la Sierra del Cid al fondo.
       Aprovecho un paseo por las antiguas canteras de tierra blanca, un lugar conocido por Els Terrers o Las Lomas de la Beata, singular por su interés geológico y paleontológico, y por ser la primitiva cantera de arcilla que dio renombre a la producción alfarera de Agost.
Allí se encuentra el Terrer dels Pobres, pues de entre las explotaciones privadas una de ellas se reservaba por el municipio como lugar de extracción para los alfareros que no tenían la suya propia. 
 
     Dice el salmo 62: “Como tierra reseca, agostada, sin agua...” y se me viene a la cabeza que “agostado” debería venir de Agost, aunque no venga, pues así es esta tierra reseca y sin agua, como el mes de agosto.
 
Alternancia de bancadas de calizas nummulíticas y bolsadas de arcilla balnca luteciense.
       Es un paraje árido de natural y erosionado por la actividad extractiva, en el que se alternan los bancos calizos retorcidos entre bolsadas de arcilla blanquecina, salpicado de testares de los últimos decenios. Allí se sacaba la tierra y se arrojaban los tiestos rotos, las cocciones defectuosas, a veces sobrepasadas de horno. 
 
Testares de barro blanco de Agost.



       
Ladrillo sobrecocido y tirado al testar. Obsérves la coloración del corye y la presencia de vacuolas.
        Millares de tiestos de tonalidades amarillentas y verdosas. La arcilla calcárea empieza a deformarse a partir de los 1030º, temperaturas que a veces se alcanzan en ciertas zonas del horno, dando lugar a la sinterización y gresificación , pasando a color verde oscuro y a deformarse. Un desastre para el alfarero que queda reflejado en los miles de cacharros rotos esparcidos por aquí.

Caliza nummulítica de Agost.
        Llama la atención el suelo blanquecino salpicado de nummulites, o monedetes que se decía en Agost. Este terreno de edad eocena es conocido por los paleontólogos por su gran riqueza en fauna luteciense, especialmente foraminíferos y equinodermos. A principios del siglo XX, D. Daniel Jiménez de Cisneros citaba estas explotaciones por su riqueza en fósiles, incluso nódulos de ámbar. En estos terrenos se han identificado especies nuevas, incluido un cangrejo que lleva el apellido de un maestro del pueblo, don José Pastor, que estableció el holotipo del dromilites pastoris para la ciencia.

Celestina o sulfato de estroncio de Agost.
         Sobre las calizas fuertes se desarrollan los sulfatos, de calcio y de estroncio, es decir, yesos y celestinas. Los yesos fueron explotados en él término, incluso hoy en su variedad alabastro en la partida del Verdegás.

        De estos terreros pegados al pueblo se extraían las arcillas plásticas que se utilizaban en las alfarerías para la fabricación de cacharros: tinajas, cantarería, botijos, macetas... especialmente contenedores de agua. Cacharros amarillentos con formas de tradición árabe. La arcilla extraída se esparcía en eras para que por efecto de la intemperie se fuera meteorizando, deshaciéndose los terrones, que luego se desmenuzaban y decantaban en unas balsas de muy poca profundidad, donde se obtenía el barro por evaporación del agua. Aún pueden verse estas balsas junto al taller familiar de Roque.
 
Arcilla calcárea de Agost.
      Esta arcilla no es útil para cerámica fina por contener abundantes partículas de caliza, sin embargo es ideal para cantarería por su fácil torneado y su porosidad, produciendo un agua más fresca en verano. La adición de sal a la masa aumenta la porosidad, y consiguientemente la sudoración del barro, que por ósmosis y evaporación, rezuma y refresca el agua. De por sí ,las arcillas calcáreas y margas, contienen una alta proporción de carbonato de calcio, por lo que en la cocción ya adquieren ese aspecto blanquecino, a veces amarillento en los materiales de construcción.

Cerámica ibérica. Caliciforme torneado con arcilla calcárea de Elche.
    La adición de sal les da una coloración blanca. Esta técnica es empleada en la Rambla de Córdoba, o la isla de Djerba, en Túnez, donde se mezcla la arcilla con agua del mar. A cierta temperatura el cloruro sódico funde e impregna la superficie de las piezas (la sosa) limpiándolas y dándoles una blancura inmaculada.

Pintando con manganeso sobre el barro blanco antes de esgrafiarlo a punzón.
       La industria cerámica de Agost emplea otras arcillas, las triásicas versicolores muy presentes en el término, con sus tonos rojo oscuro, verdosos, azulados., y machacadas, no decantadas, para ladrillos y elementos de construcción.

Arcillas de Agost.
          Las técnicas alfareras no son consecuencia de la casualidad, sino el resultado de siglos de lenta evolución y observación que conduce a la depuración de las formas. Al igual que el resto de la artesanía tradicional, la alfarería responde a dos principios básicos: las propiedades de la materia prima (en este caso, la arcilla blanca calcárea) y la técnica secular, que se transfiere de generación en generación sin cambios sustanciales porque su esencia es funcional. Se impone siempre la naturaleza de la arcilla en origen. Para la alfarería tradicional del agua conviene un material poco pesado y sobre todo muy poroso. Pero además la arcilla es en parte la responsable de la forma, puesto que según las características del barro se aplican unas u otras técnicas de trabajarla, de conformarla. Por eso el origen geológico determinará el uso tradicional: así, los alfares de prolongada tradición, como Agost, se relacionan con abundancia de depósitos de fondos continentales y marinos terciarios o cuaternarios, que afloran a la superficie. De ahí la abundancia de fósiles característicos de fondos marinos.
 
Millones de foraminíferos fósiles de las calizas de Agost.
       El grupo de las arcillas calcáreas presenta diversas calidades al hallarse repartido por una amplia extensión geográfica, con rocas calcáreas de composición variada; son distintas, aunque todas presentan una alta proporción de carbonato cálcico, a menudo con pequeñas proporciones de hierro y manganeso. Esta composición mineralógica, de fina granulometría, hacen que sean idóneas para alfarería común, para utensilios de todo tipo: almacenaje, agua y vajilla ordinaria, aunque no para el fuego directo por no ser refractarias. Los romanos llamaban a esta obra, la cacharrería pequeña, opera figulina. Se caracterizan, una vez cocidas, por su color blanquecino debido a la calcita. Igualmente estas arcillas son apreciadas para materiales de construcción. La teja plana o marsellesa del Levante se fabricaba con barro amarillento. Además, las cubiertas vítreas se adhieren fácilmente sobre la arcilla calcárea.

Paisaje desértico de Agost desde el Terrer dels Pobres.
        Su contracción es extremada, pues son muy plásticas y absorben mucha agua en el amasado. Precisan por ello las piezas de un secado muy prolongado y lento, protegidas las s de las corrientes de aire y los cambios térmicos bruscos. En el horno requieren horas de temple y un enfriamiento muy lento, hasta una semana con el horno completamente cerrado, de lo contrario cualquier corriente de aire frío las fractura.

Reproduciendo una jarrita almohade.
Jarra almohade pintada parcialmente con manganeso antes del esgrafiado. El barro de Agost produce un contraste óptimo para esta técnica
       En la jarrita almohade de la fotografía se ha empleado una arcilla calcárea muy similar a la de Agost, procedente de Elche. La elevada contracción y la finura de la pared donde se sujetan las asas a menudo generan agrietamientos durante el secado. El color muy claro es idóneo para destacar los incisos sobre el manganeso aplicado a parte de la superficie; es la técnica denominada esgrafiado, que se combina con pintura al manganeso sin esgrafiar en otros motivos decorativos, a menudo pseudoepigráficos., y que se considera un fósil director del período almohade. 
 
Cerámica hispanoárabe.Técnica mixta, pintura al manganeso y esgrafiado, vidriado de cobre (en la foto, gris antes de dar el verde característico una vez cocido).
       La combinación del esgrafiado del manganeso con aplicaciones en crudo de óxido de cobre con fundentes es la técnica mixta denominada esgrafiada y cuerda seca parcial, que puede verse en la fotografía siguiente, todavía sin cocer el vidriado. El color gris de la banda epigráfica se transformará en verde translúcido.

Jarrita almohade de cuerda seca parcial combinada con esgrafiado.
        Los testares aparecen salpicados por estas lomas, y también hay un importante espesor de tiestos rotos en un barranco a levante del pueblo, junto a un antiguo puente desde donde se volcaban los productos defectuosos. Entre los millares de fragmentos aparecen todas las formas tradicionales de Agost: botijos carreteros,valencianos o de tambor, huchas, pitos o ruiseñores, cántaros gandianos, de col, chatos, aragoneses, ponedores y comedores de animales, medidas o cetrills, porrones, morteros,... incluso las formas más decoradas, trabajadas con lágrimas de barbotina que se pegaban con jeringa de lata, como gallos o jarras de novia, técnica que aquí llaman bordado. También los sellos de los talleres, muchos ya desaparecidos.
 
Testares de Agost. Sellos de alfarerías artesanales e industrias recientes.
       
Tiestos de cacharros rotos de barro blanco de Agost.
       Sirva esta entrada de homenaje a tantos alfareros que con su maestría y esfuerzo llevaron el agua fresca por todos los rincones de España y, en sus mejores tiempos, hasta la costa argelina.

Paisaje de Agost.