lunes, 24 de noviembre de 2014

El hierro y la cerámica: un paseo por la minería del hierro de La Unión




Cristales de cuarzo. Llano del Beal.


        Aprovecho una escapada por las minas de hierro del Llano del Beal, en la Sierra Minera de Cartagena para reflexionar sobre el uso de este mineral en los procesos cerámicos. 
       Mucho antes de que el hombre descubriera el hierro como metal, sus procesos y aplicaciones, ya lo utilizaba como pigmento. Sus fuertes colores en la gama de rojos y amarillos destacan su presencia en la naturaleza. Además, es abundantísimo, un cuatro por ciento del total de minerales presentes en el medio natural. En estado pulverulento, los óxidos de hierro mezclados con agua, grasa u otro diluyente sirvieron para pintar las paredes de cuevas y abrigos.

Pinturas rupestres de Fuencaliente.
       El uso del pigmento rojo, óxido de hierro en forma de hematites terrosa o del cinabrio, donde lo había, en forma de bermellón, está asociado desde antiguo a prácticas religiosas, funerarias (desde los neandertales a los mayas), a un sentido protector (los dólmenes de Montelirio, o de Alberite, estaban interiormente cubiertos de pigmento rojo).
       Los ceramistas neolíticos descubrieron la aplicación de ocre rojo disuelto a la superficie de las vasijas antes de bruñirlas, dando lugar a la cerámica a la almagra, característica del neolítico andaluz y presente en las cerámicas campaniformes europeas. La almagra es un ocre rojo natural deshidratado.

Cerámica neolítica a la almagra.
   
        El hierro está presente en la composición natural de las arcillas: en las comunes, con predominio de minerales como esmectitas, illitas y cloritas, junto a cuarzo y carbonatos, en menor cantidad aparecen caolinita, feldespatos y óxidos de hierro.

Arcillas rojas.

        Las arcillas más utilizadas en alfarería son las rojas, con algo de alúmina y alta proporción de hierro, pobres en carbonato cálcico, y con temperaturas de cocción bajas, entre 960 y 1040 grados.
        Antes de analizar el uso del hierro como esmalte cerámico, y su uso como cubriente en forma de engobe vitrificado en los alfares romanos (terra sigillata), quiero comentar algunos aspectos sobre las menas de hierro, y su minería.

   El hierro como metal define un período de la historia en el que esta materia prima comienza a usarse en detrimento del bronce, siendo las culturas centroeuropeas de Hallstat y La Têne las que definen convencionalmente en arqueología sus dos primeras fases.
      Siendo el metal más usado en la historia, por sus excelentes propiedades, y abundando en la naturaleza, las dificultades del proceso metalúrgico, las tecnologías para su fundición y refinado (carburización), los procesos de endurecido y liberación del carbono (forja), dieron la primacía en el tiempo al uso de herramientas y armas de cobre primero, y bronce después.

Armas de hierro: cuchillo afalcatado, espada de antenas, puntas de lanza.
       Como curiosidad, citar que formando parte del Tesoro de Villena, aparecieron los dos objetos de hierro más antiguos de la Península ibérica, de entre 57, que corresponden a un estadio primitivo del uso de este metal, al que en ese momento se le considera noble y, en consecuencia, se emplea en elementos de orfebrería ornamental. Pero, 
 ¿De donde se obtiene el hierro?
     
Oxidos de hierro, Llano del Beal, La Unión.
Siderita, mena de hierro.
Se encuentra formando parte de numerosos minerales, entre los que destacan la hematites, la magnetita, la limonita, la siderita, la pirita, la goethita, ..., aunque a menudo se obtiene a partir de óxidos más o menos puros. para obtener hierro a partir de óxidos es precisa la teconología de alto Horno. Fue la implantación de esta tecnología, unida al uso del hiero para estructuras, los factores que hicieron despegar a mediados del siglo XIX en el distrito minero de la Unión la explotación del hierro, hasta entonces secundaria o menospreciada en favor del plomo argentífero.

  
Goethita, mena de hierro.
Limonita rellenando oquedades de la goethita. Llano del Beal, La Unión.

       El paisaje de la minería del hierro siempre presenta colores rojos, amarillos y todos los tonos intermedios, con tierras marrones.
Boca de mina de hierro. Llano del Beal.
Las labores se realizaban en pequeñas minas de interior, a pico y cincel, encontrándose las masas de óxidos o de mineral diseminadas entre capas de calizas marrones, pizarras grises, a menudo con filones de cuarzo delimitando capas, en algunas ocasiones entre capas de dolomita.
Minas de hierro del Llano del Beal. Estériles de pizarras grises de caja.

Pozo de mina de hierro. Sierra de Cartagena.
Grupo de cristales de cuarzo de las excombreras.
Dolomita, usada como fundente cerámico.
Hierro molido para fundición.
Ruinas de instalaciones mineras.
Entre los estériles de las antiguas escombreras se encuentran algunos cristales de cuarzo cristalizado. El cuarzo se usa en cerámica como agente neutro y desgrasante en forma de arenas o polvo. la dolomita que encapa las bolsadas de óxido es un fundente usado en la industria cerámica.




 
Cristales de cuarzo que aparecen como ganga en las minas de hierro. Obsérvese el tono amatista típico de La Unión.

Estas minas de hierro hacen reflexionar sobre la dureza de las condiciones de vida de los hombres que trabajaron aquí. Este es un dominio del sol y del viento, de pozos y derrumbes, de cuestas y cargas de piedras, dominio del espino , del tomillo, el palmito, el esparto, la higuera y la tapenera, y, a menudo, infestado de mosquitos. Los escoplos y cinceles se despuntan por la dureza de las rocas silíceas. Entre las ruinas se descubren fragmentos de cerámicas de hace unas décadas, testigos mudos de la vida de tantos mineros que se dejaban la piel, o la vida, por un jornal, sin más equipo que unas esparteñas, sus herramientas,  y el botijo del agua sabrosa con que enjugarse el sudor.

Espino.


Tiestos de los mineros.

 Desde tiempos remotos Carthago y Roma obtuvieron aquí su plata, el plomo y el hierro. Los alfareros usaron las galenas para esmaltar sus productos. Con galena molida y algo de óxido de hierro, los árabes obtenían sus esmaltes melados, para hacer sus piezas impermeables, suaves y coloridas. Las sigillatas romanas se obtenían decantando arcillas rojas, ricas en óxido de hierro, que mediante defloculación separaban las partículas largas y, una vez cocida la pieza bañada en este engobe, se endurecía de modo uniforme e impermeable con un hermoso tono anaranjado o rojizo.
 

Lucerna paleocristiana de la Alcudia de Elche. San Abdón. Sigillata africana.

 
Melado con óxido de hierro. Museo de Cartagena.