miércoles, 27 de agosto de 2014

Cerámicas fenicias y tartésicas

       Hoy quiero presentar algunos procesos cerámicos relacionados con las culturas fenicia y tartésica. Realizaré un jarro de boca de seta fenicio, algunas lucerrnas fenicias de piquera, un vaso acampanado a chardon y un plato de retícula bruñida tartésico.
      Al hilo de ello describiré una secuencia de procesos de las cerámicas a mano, y, en el caso del jarro de boca de seta, a torno.
      El acopio de las arcillas, desgrasantes y pigmentos adecuados es el paso previo. Hay que documentarse bien, a ser posible ver los originales a reproducir o piezas similares de la misma procedencia si ésta es condicionante. Las publicaciones sobre cerámica arqueológica no suelen ser muy descriptivas en lo tocante a desgrasantes y colores.
Acopio de arena de cuarzo en una escombrera de mina de Almería

      Será necesario hacer pruebas previas, a veces de forma muy intuitiva, para dar con una pasta cuya apariencia de color y textura resulte convincente. Hay que valorar el cambio de color provocado por la cocción, y el desgaste de los originales, la pérdida de pigmentación, la pátina del tiempo.
      Los desgrasantes que se comercializan para ceramistas son muy limitados para su uso en la reproducción de una pieza arqueológica, generalmente reducidos a polvo fino, invisibles al ojo. Demasiado uniformes. El alfarero debía utilizar los que tuviese en su entorno, mucho más variados en composición, granulometría, color, y, por supuesto menos uniformes. Si las piezas originales fueron elaboradas en un entorno geológico determinado, el uso de arenas concretas estará directamente relacionado con ese entorno. El conocimiento de la mineralogía y de la geología es muy útil. la recolección de arenas útiles para incluirlas en pastas cerámicas es una constante en mis salidas al campo.
Documentación para preparar la masa. Adición de arenas.

     La pasta ha de amasarse muy bien hasta obtener un resultado homogéneo, vacío de burbujas de aire y en el punto de humedad adecuado, más duro para las piezas a mano. Con restos de la masa prepararemos una barbotina que nos será útil para rellenar grietas o realizar pegados, en su caso.
Adición de pigmentos: óxido de hierro natural.

     También ha sido necesario preparar un engobe rojo brillante, a base de óxido de hierro muy decantado mezclado con una proporción de arcilla. Es una especie de sigillata que da un color anaranjado menos cristalino y brillante, pero llega a alcanzar un satinado. Obviamente, este solo proceso justificaría un estudio de detalle.
Preparación de un engobe rojo que ha de resultar satinado una vez cocida la pieza.

     Las herramientas son muy básicas: una pieza de soporte es importante para piezas grandes o para obtener paredes delgadas en piezas pequeñas, utilizando una forma simple, cuenco o cono, ya cocida y de las dimensiones necesarias. El uso de esta técnica de moldeo a mano fue descrito ya por Luis Siret en piezas argáricas.
Desgrasantes visibles en las paredes de un cuenco.

Línea de cosido de los rollos de barro.
    Todo se hace a mano, levantando la pieza a rollos, usando quizás un palillo plano para afinar el cosido interior de los rollos o para estirar exteriormente el barro hacia arriba cuando se va venciendo.
    Cualquier útil con filo, sea de piedra, madera o metal, servirá para raspar y alisar la superficie seca.
Raspado del interior de un cuenco.

    Cuando aún está blanda, si los desgrasantes son gruesos, los arrastrará generando raspaduras. Estas trazas de raspado pueden ser alisadas o no, o cubiertas por engobes, más a menudo.
Espatulado del vaso a chardon.

Torneado de un jarro fenicio de boca de seta.

Retorneado.

 
Añadido de las asas previo al baño de engobe.

Lista para cocer.
        La utilización del engobe no es sólo una cuestión estética. Puede ser del mismo o diferente color que la masa del barro, pero tiene una función doble: impermeabiliza la pieza y permite alisarla o bruñirla al aumentar la humedad cuando está demasiado seca, lo que se produce a menudo por zonas en piezas grandes, especialmente en las zonas más delgadas y expuestas al sol y al aire (bordes, asas).
Humedecido para bruñir.

          Además de raspadores y espátulas o alisadores, utilizaré cantos rodados duros de grano fino para el bruñido. En piezas grandes descubrí hace tiempo la utilidad de usar secciones de caña, en movimientos tangenciales y rotatorios, como paso previo al bruñido final a piedra. Ahorra tiempo y homogeneiza las superficies muy bien.
Igualando la superficie a caña.

Bruñido de la pieza.
          El vaso a chardon presentaba la dificultad de guardar la simetría y reducir el grosor de las paredes, por lo que el raspado fue más incisivo.
Bruñido interior del vaso a chardon con canto de cuarcita.

Vaso a chardon bruñido listo para cocer.
          Quizá los más dificultoso ha sido conseguir la técnica de la retícula bruñida; he realizado hasta cuatro piezas y muchas pruebas sobre fragmentos, y aunque la apariencia en crudo era buena en algunos casos, el brillo se perdía en cocción. Precisamente el brillo diferencial de las líneas sobre el mate del resto de la superficie es lo característico de esta técnica. Pero hay que obtener un bruñido en líneas muy finas, lo que implica utilizar instrumentos agudos, y esto levanta el barro, tiende a hacer surcos incisos y mates.
Cerámica tartésica de retícula bruñida.

         Dejo finalmente unas fotos sugestivas de cocción en hoguera de un lote de vasos argáricos para no empachar con tantas fotos de taller.
Cocción en hoguera de vasos argáricos.
Enfriada la hoguera desenterramos las piezas.
Formas argáricas  secando al sol una vez lavadas.